Liberty Shield

Entre el escándalo de aquel final, Aruth tomó una flecha. Mientras Darius y John se apresuraron a cargar con quienes pudieron, él tensó la cuerda de su arco. El hombro, el tobillo maltrecho, el cansancio de la batalla... Todo pesaba en sus dedos.
Apuntó relajando la respiración, tomó en cuenta el viento, y liberó la cuerda.
No obstante, el disparo fue desviado por la creciente intensidad del huracán, cortando sobre la mejilla de Exilion antes de rebotar contra el muro y elevarse a las alturas.
Como alertado, Devan observó en dirección al arquero, y sus miradas se cruzaron.
- Venos abr'dereos.
Con el ligero movimiento de sus labios, nació una nueva furia.
Del cuerpo vencido brotaron haces relampaguantes, haciendo trizas todo cuanto tocaban. Aruth eludió por poco uno dirigido a su pecho, y otros tantos pulverizaron las escaleras que Mkoll y Darius dejaron tras de sí.
Solo Mionne, indefensa en el suelo, recibió de lleno una de aquellas descargas. Su bella figura se convulsionó, y Himmel retrocedió lanzando un chillido de desesperación.
- ... Aún no termina. No para vosotros.- Susurró suavemente.- Aún no ha caído vuestro mundo, pero he quebrados sus cimientos...
Las baldosas bajo los pies del Tharagon se quebraron en ese instante. No habría tiempo para otro disparo. Himmel, apelando a todas sus fuerzas, arrastró a Mio hacia él, y Aruth la tomó en brazos tras despertar a Shane y Jie.
Con el suelo temblando, dieron la espalda a la pareja de aquella tierra remota, y se precipitaron a la salida. Sin dejar de correr, y por sobre la tormenta, pudieron sentir el perfume de Saya, celestial, y la mirada de Exilion, capaz de cortar profundo en sus almas...
...
Airborne
Aruth tomó aire y exhaló lentamente, observando el paisaje.
Un cráter inmenso ocupaba ahora el lugar de la fortaleza. Ni una pared había permanecido en pie, y ya no quedaban rastros de que Exilion hubiera habitado aquella recóndita región del mundo. El vórtice ya extinto lo había devorado todo.
Mio se acercó a él sujetando a Himmel, y miró con inquietud las profundidades de aquel abismo. Iba a decir algo, pero entonces Himmel chilló entre sus brazos, y ella logró ver algo al otro lado del cráter. Entre la polvareda levantada por la destrucción, una figura gigantesca y algo encorvada les observó en silencio, desapareciendo antes de que Aruth pudiera colocar una flecha sobre la cuerda de su arma.
Himmel volvió a chillar, y de inmediato cinco pequeñas siluetas surgieron del mismo lugar, volando hacia ellos. No hubo necesidad de disparar. Aterrizaron a los pies de Mio torpemente, golpeando sus panzas contra el suelo, y lanzando chillidos que variaban en frecuencia. Cuando la muchacha retrocedió, estos la siguieron, olisqueando sus pies y mirando con curiosidad a Himmel.
Eran dragones. Dos burdeos, con escamas puntiagudas e incipientes cuernos, dos esmeraldas, con dos pares de alas y figura estilizada, y uno turquesa, como Himmel, que dejó escapar una bocanada de humo cuando Darius se le acercó.
En vano los ojos del Tharagon buscaron alguna señal del gigante cuando el polvo volvió a asentarse.
"Savaggor", pensó Aruth mientras regresaba la flecha al carcaj. Una lamida de Stophel en el rostro lo devolvió a la realidad. Miró a sus compañeros, ya todos despiertos, y sonrió con caballerosidad.
Ni siquiera sus dudas sobre el final de Exilion, y sus últimas palabras, lograron hacer menguar su gesto. Aquella sonrisa no contenía felicidad ni alivio, pues profundo en su pecho, Aruth sabía que algo estaba mal...