No surrender

Aruth rodó quedando debajo de su agresor, pero una de las patas llegó a cortarle superficialmente sobre el bícep izquierdo. Sin dejarse intimidar por la situación y el dolor Aruth tomó un puñado de flechas, y usándolas como dagas las enterró con fuerza en el abdomen de la criatura. Mio hizo otro tanto, y sus dos espadas encontraron las monstruosas entrañas. La sangre manó abundantemente, pero la bestia sólo cayó cuando Kinzoku le perforó desde atrás. Esta vez no hubo tiempo para chillidos o gritos agónicos: El cuerpo azotó la tierra cayendo a un lado de Aruth, y en su agonía el arácnido guardó silencio.
Tras comprobar la salud de su compañero Shane llegó a cortar una vez más a su enemigo, pero para cuando Azrael logró ponerse de pie este ya corría como todos los otros buscando a Mkoll.
Hithlum y Enery, trabadas en combate hace un instante, vieron como su rival también se abalanzaba contra John. Todas lo hacían. Sólo quedaban cuatro en pie, pero no por eso abandonarían a su compañero.
Enery lanzó dos bolas llameantes contra los monstruos e Hithlum le apoyó con un Thálera de igual fuerza, gracias a la influencia del anillo. Darius tampoco se hizo esperar y descargó un par de Glancies contra una de las que pasaba a su lado.
Mkoll liberó a Phon tras cortarle en el brazo, y este trastabilló hacia adelante por el empujón, inclinándose luego para recoger la botella obsequiada por Aruth con un aire risueño. La magia del Tharagon apoyó a la de sus compañeros, lleva
Metros antes de alcanzar a Mkoll y Phon, dos de los arácnidos recibieron el castigo de la magia y algo en sus cuerpos crujió. Ambos cayeron, rodando entre los huesos y pasando junto al tenebrio que no se inmutó cuando fue cortado en el hombro por una de las patas.
Las últimas dos bestias pasaron junto a su protector, embistiendo al unísono al tharagonés. Este respondió buscó saltar a un lado, y luego su brazo latigueó arma en mano contra la cabeza de aquella más cercana. El acero alcanzó el duro cráneo aplastando ojos y boca, pero la imponente anatomía de su enemigo se encontró con sus costillas desprotegidas. El muchacho voló, privado de aire, y se desplomó contra una carcasa enorme. Aún no estaba derrotado, pero la ayuda de sus amigos se haría ahora invaluable.
Selene, Hithlum y Enery persiguieron a las arañas mientras estas últimas sentían la parálisis en sus miembros esfumarse. Al acercarse a Phon, notaron como sus heridas sanaban al instante, con la sangre perdida levantándose del suelo y regresando a su cuerpo.
Burial

- No vale la pena, pequeñas.- Susurró Phon. Su voz era animada, pero jamás dejaba de reflejar pena. Los últimos arácnidos, al oírle, detuvieron sus pasos.- Sus amigas caídas ya no se levantarán, y no tiene sentido que vosotras corráis la misma suerte... Descansad. Habrá más comida mañana...
Las arañas intercambiaron miradas, y observaron un instante los cuerpos regados por el campo de batalla. Los jóvenes estaban heridos y cansados, pero aún si mataban a aquel que había atrapado a Phon, los otros les darían muerte de inmediato.
- No pueden acelerar ni retrasar mi final, bestias... Marchaos...- Agregó Phon una vez más jugando con el corcho.
No era sumisión lo que los últimos monstruos mostraron al tenebrio, sino la aceptación de una verdad innegable. Con pasos lentos, primero inseguros, se apartaron de Mkoll que yacía en el suelo, tratando de hacer llegar el aire a sus pulmones.
Hubo un gruñido de molestia, y luego ambas criaturas arrrasaron la tierra con sus patas, enterrándose en un instante. Sus patas, como de insecto, asomaron del suelo, como árboles secos y raquíticos.
Phon olisqueó el corcho y suspiró, dirigiendo su atención a los jóvenes.
- ... Es aún muy pronto para brindar... Pero prometo echar un trago cuando seáis devorados...
Sin esperar a que los guerreros se recuperaran, comenzó caminar, mostrando ahora su otra pierna, que se formó de la niebla y la luz mortecina del lugar. Sus pasos, los de un hombre aburrido que quiere creer, se sucedieron unos a otros y el claro de niebla le siguió.