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 Asunto: Amor, magia y mentiras - La historia de Eichi Yukino.-
NotaPublicado: 25 Jun 2009, 01:32 
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Vrenneth de Primer Grado
Vrenneth de Primer Grado
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Registrado: 30 Ene 2009, 23:34
Mensajes: 1404
<<Ya hacen dieciocho años y casi tres meses que llegue a este mundo y creo que es hora de que haga un poco de balance sobre todo lo que he visto, sentido, aprendido y en definitiva vivido.>>

Nací un tranquilo día de primavera en el seno de una familia sencilla formada por mi dulce madre, Juliet Ellem y mi inteligente padre, Taishen Yukino y por ultimo estaba yo, Eichi Yukino, el recién llegado. Vivíamos en un pequeño pueblo de Vrenneth. Mis padres se pusieron muy contentos con mi nacimiento ya que llevaban varios años intentando tener un hijo y no había suerte, pero mi nacimiento también trajo problemas ya que en mi casa no es que sobrase el dinero, más bien todo lo contrario. Ellos hicieron todo lo posible para poder darme de comer todos los días, una cama donde dormir y un techo que me refugiase.

En mi cuarto cumpleaños la suerte volvió a sonreír a mi familia y la reputación de mi padre como “hombre sabio” se había hecho muy famosa por los pueblos de Vrenneth. Gracias a esto mi padre encontró trabajo como tutor de los hijos de unos nobles., así que nos mudamos los tres a la casa de los Vandemin, una casa tan inmensa que parecía un castillo y en la que vivían Edward y Clair Vandemin con sus dos hijos de 7 y 5 años, Rosalie y Charlie. Mi padre les enseñaba sobre literatura, filosofía, matemáticas, ciencias y astronomía entre otras materias y los chicos aprendían ilusionados, sus padres se dieron cuenta de ello y en agradecimiento pagaban muy bien a mi padre y nos trataban a mi madre y a mi como si fuésemos de la familia. Mientras mi padre enseñaba a aquellos niños sobre todas esas cosas mi madre me enseño sobre música, cocina, naturaleza y magia, cuatro cosas que según ella se complementaban entre si. Yo aprendía rápido y me encantaba estar con mi madre, era una mujer muy amable y cariñosa, siempre estaba sonriendo y además era guapísima, tenía una larga melena ondulada y rubia que le caía en cascada por la espada y le llegaba hasta la cintura, una sonrisa de ángel y unos ojos azul cielo que siempre te miraban con calidez.

Pasaron los años, los hijos de los Vandemin ya tenían 13 y 11 años y yo estaba a punto de cumplir los 10. Cada vez estaba más apegado a mi madre y me relacionaba menos con el mundo exterior e incluso también estaba perdiendo la confianza con mi padre, pero aun así yo le quería y respetaba muchísimo. Es verdad que los Vandemin se portaban muy bien con nosotros y gracias a ellos no nos faltaba de nada pero también debido a ellos la atención de mi padre la captaban Rosalie y Charlie y yo me sentía desplazado. Yo había crecido en este tiempo, aunque no mucho, por lo visto de mayor no iba ser muy alto, debido a que según me dijo mi madre con su dulce voz <<Al igual que tu padre y tu abuelo, parece que vas a ser bajito, pero que eso no te preocupe, pues recuerda que los mejores perfumes se guardan en frascos pequeños. >> La verdad es que no me importaba mucho lo que pensase la gente de mi, pero notaba que las pocas veces que salía a la calle la gente me miraba raro y cuchicheaba al verme pasar, ya fuese por la pequeña estatura que tenia para mi edad o por las orejas puntiagudas, también herencia de mi padre, que me asomaban por encima del cabello rubio igualito al de mi madre o por mis ojos, cada uno de un color distinto, uno azul cielo como los de mi madre y otro verde esmeralda como los de mi padre.

Mi décimo cumpleaños llego al fin y mi madre me regalo su armónica y me dijo que la cuidase con mucho cariño, ya que era un tesoro familiar que había pasado de generación en generación hasta llegar a ella y ahora a mi, no se sabia cuantos siglos de antigüedad tenia y se cree que posee poderes mágicos relacionados con el viento, ahora debería cuidar de ella hasta que tuviese un hijo o una hija al que enseñar a tocarla y podérsela regalar.

Los años pasaban sin cesar, ya tenía 14 años era un experto tocando la armónica y además descubrí que tocarla me relajaba y me ayudaba a pensar con claridad, seguí albergando las enseñanzas de mi madre y decidí que en el futuro quería convertirme en un gran mago ya que la magia y la música eran lo que más me llenaban en esta vida.

También volví a retomar el contacto con mi padre pues este tenía más tiempo libre y lo dedicaba a enseñarme todo lo que sabia sobre esta vida además también inculcó en mí otra afición que me apasionaba, la lectura, todas las noches me traía un libro de la biblioteca donde daba clases a Rosalie y Charlie y por la mañana yo se lo daba leído para que lo devolviese. Aun seguía siendo demasiado bajo para mi edad, seguía teniendo orejas puntiagudas como las de un elfo y seguía teniendo un ojo de cada color, cada uno correspondiente a uno de mis progenitores, pero algo había cambiado, ahora tenia mi cabello rubio exactamente igual que el de mi madre y me llegaba a la cintura al igual que a ella.

Los chicos del pueblo se metían conmigo y decían que parecía una chica o un enano, pero yo hacia oídos sordos a todo lo que me decían.

A mis 16 años la tragedia se cernió sobre mi familia y mi madre cayó gravemente enferma, mi padre y yo estuvimos a su lado en todo momento y los Vandemin hicieron todo lo posible para ayudarla, llamaron a el mejor medico del reino, pero no pudo hacer nada por ella, pues la enfermedad que contrajo era muy extraña y no tenía cura, así que a el poco tiempo murió. Yo me puse muy triste y deje de tocar música, de practicar magia, de leer, me corte mi larga melena y tan solo me deje un par de trenzas e incluso deje de hablar con todo el mundo.

Pasaron dos años y era el día de mi 18 aniversario, yo estaba en mi habitación tumbado en la cama e intentando sobrellevar la vida sin Juliet cuando alguien llamó a la puerta.

<< -¡Pom Pom!-

-Adelante- dije sin mucha gana, hacia poco que había vuelto a hablar.

-Soy yo…- dijo la voz tristona de mi padre, desde la muerte de mi madre el también estaba muy desganado y luego entro y se sentó en mi cama.-Felicidades, toma te he traído un regalo.- me dijo con una sonrisa que le costo poner y me dio un paquete y un sobre.

Me incorpore y me senté a su lado mirando hacia el suelo. –Gracias papá, pero no quiero ningún regalo.- dije desanimado.

-Ábrelo al menos por favor, he estado ahorrando mucho tiempo para comprártelo.-

-No tenías porque haberte molestado.- le dije mientras abría el paquete descubriendo un gran arco de madera con los nombres de mi padre y mi madre grabados en oro.-Es precioso, me encanta.- le dije emocionado y dándole un abrazo. –Muchas gracias papá.- dije sonriendo por primera vez desde hace dos años.

-De nada hijo, me alegra verte sonreír de nuevo.- me dijo lleno de alegría.-Es para que no nos olvides nunca.- me dijo mientras pasaba su dedo por los nombres grabados.

-Jamás os olvidare- dije llorando de emoción.

Mi padre se levanto y me seco las lágrimas con sus dedos. –No llores que hoy es tu cumpleaños.-

-Vale.- dije sonriendo de nuevo. -¿Y esta carta?- le pregunte contiendo el sobre.

-Léela y después ven a verme a la biblioteca y hablamos.- me dijo y tras eso salio de allí.

Abrí el sobre con curiosidad y comencé a leer la carta.

“Querido Eichi,

Si estas leyendo esta carta es porque yo ya no estoy ahí contigo y con papá y si estas leyendo esta carta también significan que es tu dieciocho cumpleaños, muchas felicidades, mi niño chiquito ya se ha convertido en todo un hombretón.

Quiero que sepas que eres lo mejor que nos ha pasado en la vida a tu padre y a mi, que estamos muy orgullosos de ti y que te queremos muchísimo.

Perdóname por no haberte dicho nada de mi enfermedad, pero no quería que estuvieses triste, quería verte sonreír todos los días antes de que me tuviese que ir para siempre. Yo sabia que era mi hora y que por mucho que el medico lo intentase no habría solución, por eso le dije a tu padre que no te dijese nada de mi enfermedad hasta que ocurriese lo inevitable y que si yo moría antes de que tu cumplieses los dieciocho años él te entregase esta carta hoy.

Espero que mi querido Taishen haya conseguido ahorrar bastante como para comprarte el arco que tanta ilusión le hizo siempre regalarte y espero que tú lo cuides mucho y aprendas a usarlo para hacer el bien.

Eichi se que siempre quisiste llegar a ser un gran mago y yo se que puedes llegar a conseguirlo y que serás el mejor mago que Vrenneth haya visto jamás, por eso quiero que vayas a estudiar a El Castillo allí te ensañaran todo lo que yo y tu padre no te hemos podido enseñar.

En fin tan solo decirte que espero que no te enfades con tu padre por no haberte contado todo esto antes, si no lo ha hecho a sido por que yo se lo pedí, que te quiero mi ángel y te querré siempre este donde este y que deseo que seas inmensamente feliz.

Ve a El Castillo, aprende todo lo que puedas y haz amigos y no te preocupes de Taishen la familia Vandemin es muy buena y seguro que cuidan de el.

Y recuerda… Hay tantas cosas por descubrir...tantas cosas por encontrar... que por mucho que busques en libros y pergaminos tan solo las estrellas y el viento te las pueden mostrar.

Hasta siempre mi vida, un fuerte abrazo y un millón de besos.

Fdo: Juliet Ellem” >>


Acabé de leer la carta con la cara empapada en lágrimas de una mezcla de felicidad, melancolía, tristeza y emoción.

Decidí hacer lo que me decía mi difunta madre en la carta y dirigirme a El Castillo, así que fui a la biblioteca a contárselo a Taishen, cogí una vieja mochila y metí todo lo que creí que me haría falta en ella, después me despedí de mi padre y de la familia Vandemin con una gran sonrisa y con la ilusión de vivir de nuevo.

Poco a poco me perdí caminando y tocando mi armónica en el horizonte rumbo a El Castillo.

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El verdadero arte es aquello que desaparece en un instante...

"¡Rirb thëng’tai ith’ai, Majesty!"
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