| Jefe Vrenneth |
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Registrado: 05 Nov 2008, 21:35 Mensajes: 420
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Mi madre solía contarme muchas historias cuando era niña… La primerá que me relató fue la de mi nacimiento:
-Estábamos muy cerca del lago Sílfide…- comenzó ella, mucho, mucho tiempo atrás en mis recuerdos con su voz dulce y maternal-. Tu padre montó la tienda de campaña, como hacía siempre cuando llegábamos a algún lugar y se hizo de noche cuando las contracciones que presagiaban el parto comenzaron a atormentarme desde lo más profundo de mis entrañas. Esa noche era luna nueva: lo recuerdo bien, y tu padre me dijo que el cielo empezó a surcarse de estrellas fugaces en el instante en el que rompiste a tu primer llanto. Yo siempre me quedaba absorta contemplando a mi madre: tenía unos ojos verde musgo que te atrapan en el momento en el que los mirabas. Su cabello era largo y ondulado; de un precioso color pajizo que caía por su espalda. Muchas veces pensé que mi madre tenía un busto precioso,y, por como la miraba mi padre a veces y el juego de miradas que solían tener, sabía que era cierto.
A los tres años mamá me llevó fuera y me lavó en un lago. Recuerdo perfectamente que el agua estaba helada. Por el rabillo del ojo atisbé en las manos de mamá un cuenco con tinta negra bastante diluida; así como algunos paños. Tardó tres horas en hacerme un tatuaje de dos alas de pájaro. Ella tenía alas de hada tatuadas en su espalda. -Este tatuaje demuestra que eres mi hija: una amazona, Lilith- lo decía con reverencia y, por primera vez sentí hacia mi madre un gran respeto-. Tu nombre significa Ánimas y Viento, que ellos te guíen en a lo largo de tu existencia. Es extraño que aún conseve esos recuerdos a pesar de mi corta edad.
Mamá era una amazona: su nombre era Shana. Cuando fui un poco mayor como para comprenderlo mi madre me narró la historia de las amazonas: -Dicen que en los tiempos en los que la Tierra estaba habitada por barro, vegetación, agua y cenizas nacieron los hombres. Eran seres fuertes y hermosos que comenzaron a luchar entre sí por el poder al poco tiempo de nacer. <<Las de mi estirpe afirman que hace muchísimo tiempo mujeres aladas bajaron del cielo para intentar ayudar a los hombres; y muchas se dieron por vencidas, pero otras se enamoraron de la belleza del mundo y de los hombres, e intentaron transmitirles lo que sabían. -¿Qué era lo que sabían?- le pregunté yo la primera vez que me contó la historia. -Formas de plantar árboles y conocimientos sobre varios temas como la magia- me explicaba ella con paciencia-, ni mi madre supo exáctamente qué fue lo que les enseñaron a los hombres. Esta historia es de hace tiempos remotos, Lilith, pero las amazonas la creemos y se la contamos a nuestras hijas. -¿Y qué paso?- quería seguir escuchando. Me encantaba la voz de mamá. -Los hombres aprovecharon el conocimiento transmitido y lo utilizaron; algunos para satisfacer sus necesidades básicas y hacer el bien al ajeno, y otros para hacer daño y matar. <<Muchas amazonas decidieron proteger los bosques … Renunciaron a sus alas y no podían volver al lugar de donde vinieron- que es desconocido incluso en esta leyenda-. Así que consagraron su vida a proteger los bosques y a sus hijas. -Y si no estaban con los hombres, ¿cómo podían tener hijas?- mi madre o me respondió a eso hasta algún tiempo después, cuando nació Abel, mi hermano pequeño.
Aquella noche recuerdo que mi padre me hizo salir de la tienda: mamá estaba malita. Éramos nómadas y nos movíamos por todos los lugares imaginables. No parábamos nunca y yo amaba esa vida. Cogíamos lo que necesitábamos de un lugar y cuando nuestros recursos se agotaban desmontábamos nuestra tienda, la montábamos en un carro tirado por nuestra yegua Remeiel y no marchábamos. El caso es que tuve que pasar la noche fuera escuchando los gritos de mamá. Decía que le dolía la tripa: ¿¡Qué creía!?, yo ya sabía que estaba embarazada. Al día siguiente papá me zarandeó hasta que me dio por despertar y me dijo que entrase a ver a mi nuevo hermanito, Abel. -Pero no hagas mucho ruido, Abel está dormido.- Me recomendó él con una de sus sonrisas traviesas.
Entré y me senté. Por entonces yo tendría ocho años … Mi madre me explicó entonces el resto de la historia mientras le daba de mamar a mi nuevo hermanito. Me tendió un vaso de leche a mi y empezó a relatar mientras me lo bebía a sorbitos. -Las amazonas sales una vez o dos en su vida cuando han llegado a la edad fértil para yacer con un hombre y traer descendencia; fingen que lo aman y, cuando el producto de esa mentira es una niña, la secuestran y se la llevan al bosque abandonando así a su marido.- Sus palabras estaban llenas de una extraña ironía. Sus ojos reflajaban mucha tristeza. -¿Y si nacía un niño?- pregunté yo. -La amazona lo mataba- se lamentó. Entonces Abel comenzó a llorar. Mamá lo abrazó; pareciera que mi hermano hubiese entendido a mi madre … -Entonces, si tu eres una amazona, ¿por qué no abandonaste a papá? -Porque lo amé de verdad. Tu padre vivía de la naturaleza y era pacífico; al contrario que muchos hombres que conocí y con los que no quise yacer a pesar de que eran hermosos.- Hizo una pausa y sonrió, quizá recordando aquellos tiempos-. Lo amé tanto que renuncié a todo por él y me quedé a su lado. Después me contó que papá antes era un hombre adinerado y me cedió sus apellidos: Van Allen.
No hice más preguntas.
Dos años después llegaría la fatídica tarde. Papá y yo nos levantamos temprano y practicamos con el arco para después practicar con mamá la espada. Mamá había traido del bosque una espada que se decía legendaria: Solaris. Esa espada la utilizó una amazona llamada Hera para matar a todos los que se atrevieran a mancillar el bosque y a los injustos. Decían que la espada venía del cielo … y me la cedería algún día, cuando yo fuera mayor. -Tu tatuaje guarda tu poder interior oculto, Lilith. Lo descubrirás algún día, mi ángel; mientras tanto, vive- me dijo mi madre mientras me peinaba el largo cabello color nuez al finalizar nuestro entrenamiento. Abel estaba echándose una siesta con papá. Entonces los vi llegar. Dos hombres ataviados con ropas sucias, holgadas y rotas vinieron con espadas gritando groserías a mi madre y cosas horribles que prefiero no recordar. Mi padre salió con su arco y su carcaj de la tienda y mi hermano asomó su pequeña nariz y nos miró con sus ojitos azul cielo- como los de mi padre- muy asustado. Mamá se metió dentro de la cabaña y ensilló a Remeiel más deprisa de un colibrí batiendo sus alas mientras los malechores se acercaban peligrosamente. -¡Mamaaaaá!- Abel gritaba a mamá y se agarraba a mi como un koala. -Cariño mío …- nos abrazó a Abel y a mi y nos metió en la tienda-. No salgáis bajo ningún concepto.- No era una sugerencia … Escuché grito y el choque entre espadas. Oí el relinchar de Remiel y sentí las cálidas lágrimas de Abel en mi pecho, mientras yo quería ignorar las mías propias … Entonces escuché como los huesos de alguien crujían. Era el mismo sonido espeluznante que escuchábamos cuando papá le cortaba la cabeza a un conejo. -¡SHANA, NOOO!- era la voz de papá; y entonces supe que mamá iba a morir. -Cuida de … mis ángeles … Gabe … te amaré siempre- esas fueron las últimas palabras que escuché de los dulces labios de mi madre: aquellos que me habían besado en las mejillas tantas veces y aquellos que no volverían a contarme ningún cuento. Entonces mi padre entró corriendo en la cabaña y escuché como los hombres lo seguían. Nos cogió a Abel y a mi en uno de sus atléticos brazos y rajó la tela de la tienda no antes de coger a la envainda Solaris. Me la entregó antes de subirnos a Remeiel. Sentí como su largo pendiente me hacía cosquillas en la mejilla mientras me abrazaba y le dio una palmada al trasero de Remiel… justo antes de que lo viera atravesado por una espada. Cayó muerto ante mis narices. Mi hermano comenzó a llorar tras de mi y me concentré en sacarlo de allí, pero … sentí como algo me pinchaba en la espalda, y vi por el rabillo del ojo como Abel se inclinaba y caía del corcel con una flecha atravesada en el costado. La desolación cambió a ira; una ira que se alimentó de las risas de los asesinos y de mi propia tristeza: entonces la vista se me nubló por completo y no vi nada más que negro. Lo último que sentí fue como desenvainaba a Solaris y… no quiero recordar cómo salí al galope con Solaris, en dirección a uno de los asesinos. Luché con él: era un espadachín bastante curtido y hubo momentos en los que sentí que no ganaría. Cuando iba a desfallecer de cansancio el hombre se acercó a mi; entonces saqué fuerzas de lo más profundo de mi interior y le clavé la espada en la clavícula. Cuando terminé estaba llena de sangre. Sangre en mi cara, en mi cabello y en mi piel herida por profundos cortes que no dejarían cicatríz. Me sentí aterrada por mis propios actos y triste por la muerte de mi familia: pero decidí no quedarme allí, había estado llorando entre la sangre, los cadáveres y Solaris a mis pies durante horas. Y para colmo el otro hombre había huido … Lo encontraría algún día, quizá … Envolví a mis progenitores y a mi hermano en mortajas hechas con la tela de la tienda y los enterré. Quemé a los malhechores y me lavé … delante de las tumbas y las flores silvestres que tenía ante mi, cogí de nuevo a Solaris, que seguía llenas de sangre seca y corté mi largo cabello … y se lo ofrendé a los dioses para que cuidaran de mis seres queridos, igual que me había enseñado mi madre que hacían las amazonas. Después de aquello cogí todo lo necesario para mi viaje y solté a Remeiel. MI viaje comenzó a los diez años … y no me detendría hasta encontrar un hogar, porque me hice una promesa por mis padres: y es que viviría y encontraría mi verdadera fuerza interior oculta.
Seis años más tarde, después de haber pasado por penurias, venganza y pocas alegrías, escuché a alguien hablar sobre un Castillo…Contado por Lilith Van Allen.STATS FUE  RES  VEL  SIG 
Magia  Combate 
_________________ ¿No sabes cómo empezar? ¡Atento a las normas! Administrador de Reino Etéreo. Reino Etéreo, el foro de fantasía y rol donde tú tienes tu propia historia.
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