| Jefe Vrenneth |
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Registrado: 05 Nov 2008, 21:35 Mensajes: 430
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Si tuviera que empezar… comenzaría por quien soy. ¿Pero como puedo afirmar algo de lo que apenas estoy seguro?... Nada ha vuelto a ser claro para mí desde aquel día. Aunque antes de hablar de ellos debería comenzar por quien soy yo. Mi nombre es Amaru Raen, descendiente de una casta de guerreros del país Vrenneth. Tengo cuatro hermanos mayores, dos hermanas mujeres, que son Vrenneth y el orgullo de mi madre, y dos hermanos varones (que son las cabezas) que son Arameddan y el orgullo de mi padre. Yo nací Vrenneth. Luego no recuerdo por qué, mi padre me llevo a Arameddan, donde viví gran parte de mi vida, creo que fue cuando tenía 13… Mi madre y mis hermanas me escribían a diario, pero aun así, jamás me sentí parte de aquello, yo era leal a Kaith y ser un soldado de otra nación no me hacia gracia, pero no podía decepcionar a mi madre. Por suerte mi padre murió en una batalla, en la que participe, cuando tenía 16 años. Fui inmensamente feliz ese día. El no era un buen padre, era atento y amable pero todas sus acciones tenían, en el fondo, algún interés. Pero aunque él había muerto no podía irme. Mis hermanos eran buenos conmigo, pero me veían diferente. Ellos pese a todo se hicieron cargo de mí, enseñándome y entrenándome. Mientras estuve viviendo con mis hermanos tuve acceso a una vasta cantidad de libros, leí todo lo que pude, todo lo caía a mis manos. Tenía 18 años cuando conocí a Fay Ryuu. Era una joven muy común, Arameddan, alta pero seguía siendo más bajita que yo, de cabellos lacios caoba oscuro, ojos miel y tez trigueña. Ella era más grande que yo, ella tenía 23 era madre de dos niños. Ella había tenido un esposo, un guerrero feroz y valiente que marcho a la guerra. Jamás regresó. Era cálida y amable, su hijo mayor se llamaba Li, era un muchachito de unos 7 años y su pequeña hermana Arestra de tan solo 5 añitos. Me enamoré de Fay Ryuu, así que con el dinero que tenía conseguimos una casita en el desierto, cerca de un Oasis y nos establecimos allí. Ella cuidaba de los chicos y yo era miembro activo del ejército. Con 20 años llegué al puesto de Teniente. Había participado en varias cruzadas. Me había ganado buena cantidad de enemigos y el desprecio de algunos de los miembros de mi escuadrón. Cuando regrese a casa, Fay Ryuu me sorprendió con dos pequeños. Habíamos tenido mellizos, ambos por sus rasgos pertenecían a la casta Vrenneth. Llamamos Aurum al varón e Iluna a la nena. Cuando el pequeño Aurum cumplió 4 años lo envié a Vrenneth para que su abuela y mis hermanas lo educasen como un soldado de aquel país. Una noche lejana, luego del crepúsculo, Raen regresaba a su casa. Un humo inusual salía de ella. Corrió asustado hasta allá. Cuando llegó la casa parecía que había estado envuelta en llamas. Solo salía humo de ésta. Entró, buscó a su esposa, temiendo lo peor…a sus hijos… mas no halló a nadie. Por un momento sintió alivio, hasta que a sus oídos llegó un quejido familiar. Vió una manito… se abalanzó sobre ella, descubriendo bajo la manta el cuerpo de Iluna. La desesperación se apoderó de el. Sus ojos se llenaron de lágrimas, tomó a su pequeña en brazos y salió de la casa gritando el nombre de su mujer. Gritó pidiendo socorro, pero su voz se perdió en la inmensidad del desierto. Corrió con la pequeña en brazos, a través del árido paraje… la primera estrella ya había salido. Pronto un manto de estela negro cubriría su cielo. Todo se volvió oscuro. Raen corrió por horas. La pequeña es sus brazos respiraba con dificultad. Cada paso que daba estaba más cerca del final. Raen se dejó caer sobre de rodillas sobre la arena. Las lágrimas bañaban su rostro y caían pesadas sobre el de Iluna. Alzó su mirada al cielo, pidiendo misericordia, rogando que alguien se apiadase de él.
Una figura sin forma apareció frente a él, y poco a poco fue tomando un aspecto muy similar al humano. Los ojos de aquella criatura eran violáceos, su cabello blanco níveo, su tez igual de blanca, como el marfil. No era humano en lo absoluto. Aquel ser magnifico tomo el rostro de Raen en sus manos…
-Que estás dispuesto a dar…? -preguntó el ser.
-Lo que sea necesario… pero sálvala…- sollozó Raen.
-¿Cualquier cosa…?- preguntó, entrecerrando los ojos.
-Sí…- dijo Raen cerrando los ojos.
-Dime tu nombre…- dijo con voz impostada.
-Amaru Raen…- respondió casi sin voz.
-Mi nombre es Nlassa… -dijo casi en un susurro. Extendió su mano y la pasó sobre el cuerpo de la nena. – Su esencia se escapa… este cuerpo ya no le es útil, puedo darle un cuerpo nuevo… pero el precio es alto…- dijo mirando a Raen con ojos altivos.
-Señor… pídame, yo se lo daré.- dijo Raen dejando a la pequeña Iluna en los brazos de Nlassa.
Nlassa tomó a la pequeña en sus manos. Acercó su boca a la de la pequeña, que respiraba con dificultad, y una pequeña esfera de luz pálida salió de ella. Nlassa la tragó, dejando caer aquel cuerpo vacío al suelo. Raen contempló aquello horrorizado. Trató de retroceder pero el ser le había tomado del rostro.
-Tomaré… la mitad de tu esencia, tus recuerdos, tu pasado, tus emociones y le daré a ella un cuerpo no humano para vivir… - pronunció cada palabra con voz profunda. Acercó su boca a la de Raen, el joven abrió los ojos con desesperación, un fuerte calor le invadió, sus músculos se tensaron, sentía dolor, un dolor que iba mas allá de lo imaginable, un dolor inenarrable. Las lágrimas surcaron aquel rostro otra vez, de sus labios brotó sangre… Raen sentía que se le iba la vida, que moría… Finalmente sintió que a través de su garganta algo calido se abría paso hacia su boca. Algo que le quemaba, energía pura. Nlassa absorbió la energía. Raen cayó de espaldas sobre la arena. Tenía los ojos perdidos en la nada, inexpresivos. Nlassa saco un cuchillo de entre sus ropas, estiró la mano y se cortó la palma. Dejó caer la sangre sobre la arena. La arena comenzó a moverse, tomando forma junto con la sangre. El cuerpo de Raen se movió, Nlassa extendió su mano y tomó la del joven, la cortó dejando caer la sangre sobre el montículo que tomaba una forma animada. Finalmente la arena cobró vida, Nlassa acarició su creación, era un zorro…
-Mira… tu sangre, tu alma, tu memoria han creado algo hermoso…- dijo con voz suave y cálida. Raen bajó la vista, y vio aquello por lo que él había “pagado”. Sus ojos se llenaron de lágrimas. Nlassa tomó al cachorro en sus brazos y acercó su boca, dejando entrar en la boca del animal lo que le permitiría moverse, poco a poco el cachorro abrió los ojos.- Mira Raen… puede verte, oírte, moverse, sentir…
Amaru estiro su mano temblando y acarició al cachorro en la cabeza con cariño.
-Mi… bebé…- pronunció las palabras con voz monocorde.- Mi… bebé…- tomó al cachorro en brazos y lo trajo hacia sí. Nlassa tomó el rostro de Amaru con ambas manos. Y acercó su ojo izquierdo al izquierdo del muchacho.
-Te dejaré un regalo… Raen… pero aún eres joven e inexperto, cuando crezcas y seas mas fuerte podrás usarlo.- el ojo de Nlassa cambió de color, y un brillo rojo dejó lugar a una marca dentro de la pupila de Raen. – Cuídate… Raen…
Como la arena que se escurre entre los dedos, el cuerpo de Nlassa comenzó a desvanecerse. El sol comenzó a salir en el horizonte bañando aquel cuerpo pálido con luz. Luego de aquello volvió a Vrenneth, su madre al verlo notó un cambio radical en él. Miró a su madre con el rostro lleno de amargura y dolor, y se dejó caer en sus brazos llorando como un niño. “Shiro” en sus brazos asomó la cabeza, al ver aquello Iridane comprendió todo. El hijo gemelo de Iluna miro al animal y sonrió con afecto. Sin embargo Raen permaneció en silencio por dos años, pasó dos años leyendo, buscando, entrenando. En completo silencio… hasta un día de primavera en el jardín de su casa, miró a su madre y le dijo que debía marchar. “Por favor cuida de Aurum…” fueron sus palabras mientras acariciaba la cabeza del pequeño. La pequeña “Shiroyuki”, como la llamaron las hermanas de Raen, apareció entre las rosas y miró a su padre. El le sonrió, le tendió los brazos, y partieron juntos… Contado por Amaru Raen.STATS FUE  RES  VEL  SIG 
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