"- Más alto Kurie - El anciano giraba lentamente a su alrededor, observando los golpes que la pequeña le daba al poste de entrenamiento.
- Pero abuelito - Se quejaba la pequeña niña - me duelen los pies... - se sentó en el suelo de madera frotándose las marcas que le habían quedado.
El hombre rió con una carcajada - Es cierto... hoy es tu cumpleaños - coloca su mano sobre la cabeza de la pequeña - cierra los ojos... -
Kurie apartó su cabello del rostro, lo tenia bastante largo, más allá de la cintura
- Me darás mi regalo abuelito! - comenzó a saltar alrededor de su abuelo con alegría, olvidando el dolor de sus pies.
- Jaja, estate quieta! - la alza y la sienta sobre un banco - ahora, cierra los ojos... y sin trampas! - agregó al ver que la pequeña espiaba.
Abrió las puestas de un mueble reservado para las armas importantes. Dos cajas de madera se encontraban allí, ambas de caoba, con un dragón chino azul en la tapa. Tomó una de ellas, la más grande, y acercándose a kurie, la depositó frente a ella.
Esta, al escuchar el ruido, abrió los ojos, su abuelito le sonrió calidamente.
- Feliz cumple Kurín -
Ella saltó de la silla y abrió la caja... Dentro de esta, se encontraban dos botas azules, reforzadas con acero, un acero completamente blanco.
- Abuelitooo! - Kurie saltó a los brazos de su abuelo
- Así me recordarás siempre... a donde vayas estaré contigo, pequeña -"(Recuerdos de Kurie)En el momento en que los árboles comenzaron a perder sus hojas, comenzó su historia...
Hija de una arameddan y de un forastero, vivió en
Araddia hasta la desaparición de su madre. Su padre la llevó a una ciudad alejada de los arameddan, por lo cual
Kurie ignoró sus orígenes hasta el día en el que encontró un cofre perteneciente a su madre. Su padre lo clausuró y le ordenó no indagar jamás sobre ello, destruyendo también algunos retratos de la madre de
Kurie. Esto hizo que padre e hija se distanciaran completamente, y llevó a que la niña escapara de su casa al cumplir los siete años. De allí en adelante vivió con su abuelo,
Kraden Stargled, el cual tampoco tenía una buena relación con su hijo.
Este hombre tenía un discípulo unos años mayor que
Kurie, llamado
Onan, al cual enseñaba el estilo de los monjes guerreros. Kurie practicaba a escondidas, buscando igualarle, hasta que su abuelo accedió a enseñarle Tae Kwon do, dada la fuerza y disciplina que la niña ponía en sus patadas.
En los 6 años que entrenaron con
Kraden, cada niño siguió un estilo cuerpo a cuerpo distinto, con armas especialmente diseñadas para cada uno: Botas reforzadas para
Kurie, y guantes para
Onan. Crecieron como hermanos, desarrollando un vínculo muy fuerte, y la convivencia con este joven y su abuelo forjaron su carácter alegre y ansioso.
Tenía la costumbre de cambiar la realidad y hacerla alegre y amena, hasta la noche de su cumpleaños... A los 14,
Kraden le había regalado a
Onan un traje negro con un dragón dorado; el emblema de la familia. Hacia ya dos años de eso y era el turno de
Kurie.
Cuando recibió su traje, quedó fascinada. Era blanco, con un dragón azul rodeándolo. Le quedaba grande... pero a pesar de las burlas de
Onan, ella estaba satisfecha...pronto crecería.
Esa noche
Onan debía viajar a la ciudad a llevar un recado, partió en cuanto le dio a
Kurie su regalo: un cascabel rojo con el emblema arameddan, le había costado meses de ahorro...
Hacia rato que el joven se había marchado, no sin antes retarla a un duelo en un lago cercano, para cuando regresara.
Kurie acomodaba su traje en la mochila, cuando oyó un ruido fuerte que provenía del dojo de su abuelo. Sabía que algo no estaba bien, pero le dio miedo averiguar que era, y esperó un buen rato antes de dirigirse hacia allí.
En cuanto dio un paso dentro, una espada se enterró en su hombro, y
Kurie cayó de espaldas sobre el suelo, impulsada por el impacto. La chica no llegó a ver a su atacante: A pesar del dolor y del miedo, no pudo quitar los ojos de encima del cuerpo de su abuelo, quien estaba a los pies de un segundo sujeto. No pudo moverse, no pudo gritar... no pudo evitar que se llevaran el cuerpo de su abuelito...
Los hombres se marcharon sin decir una sola palabra, sin mirarla siguiera.
Kurie se quedó allí toda la noche, inmóvil... en cuanto amaneció, se incorporó, tomó su mochila y sus botas... antes de salir vio los guantes de
Onan sobre un aparador y los tomó apretándolos con fuerza y corrió... corrió por días enteros, deteniéndose sólo cuando el cansancio y el hambre la derribaban, pero siempre retomando su viaje en cuanto lograba ponerse de pie.
Viajó durante tres años, cruzando pueblos, montañas, lagos y todo lo que se interpusiera en su camino. Debía encontrar el camino al Castillo del que tanto habló
Kraden, y al que su padre se negó a ir. Debía hacerse fuerte y encontrar la razón de la muerte de su abuelo.
Jamás volvería a permitir que el miedo por su propia vida le impida proteger a quienes ama…
STATS
FUE 
RES 
VEL 
SIG 
Marcial 
Puntería 
Magia 
HABILIDADES
Destacables
-Ama de la acrobacia
- Empatía animal