| Jefa Arameddan |
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Registrado: 16 Dic 2008, 17:58 Mensajes: 131
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“Mi nombre es Isabella Rosex. Durante años protegí las tierras de Arameddan de las fuerzas malignas de Darglance y otros peligros. Conocí a Steve Rosex en una convención del reino proclamada por los Jefes de Clan, en la que nos pusieron en el mismo grupo de búsqueda, junto a mi mejor amiga, Amaia Crawford. Ella era dulce y tímida, pero en el momento de enfrentarse a sus enemigos era una gran luchadora que me había sacado varias veces las castañas del fuego. Cuando partimos en la misión, Amaia cayó en combate. Fueron días duros, en los que Steve me apoyó y me cuidó al máximo y como consecuencia acabé enamorándome de él. Concebimos a mi hija en una de las posadas en la que al dia siguiente tendríamos que separarnos por cuestión de prioridades en la misión. Cuando partimos por distintos caminos, comencé a dirigirme hacia el castillo de Darglance. Cuando estuve a pocos kilómetros del lugar, la tierra comenzó a temblar y pude ver a lo lejos formarse una gigantesca figura lobezna y cientos de lobos rodeando a los chicos elegidos. No sabía de donde había salido tal bestia, pero no me quedaba otra opción. Clave mi vara en el suelo y comencé a preparar el ritual. Mi colgante comenzó a brillar y a elevarse frente a mí. Cuando termine, cientos de dragones comenzaros a salir de la nada. Llame a mi dragón y monte en él, con los demás dragones siguiéndome y dirigiéndose hacia la monstruosidad. Al llegar, baje desde el dragón y el colgante comenzó a brillar de nuevo. Mis ojos enrojecieron y de mis manos salieron grandes látigos de fuego que agarraros fuertemente al lobo. Poco después aparecí en mi habitación. Pregunte a una de las criadas del castillo de Éride como había llegado allí y donde se encontraba Steve. Esta respondió que me habían encontrado unos viajeros en medio del desierto, habiendo pasado ya dos meses desde entonces, pero que no había ni rastro del tal Steve en todo el reino. Durante los siguientes dos meses sufrí su pérdida y me entere de mi embarazo. Cinco meses después, nació mi hija. Su nombre seria Claree Rosex. Poco después, comencé a trabajar de nuevo para Éride, la que me ayudo a cuidar a Claree hasta que cumplió los siete años, edad donde terminaba la niñez en Arameddan. En ese último cumpleaños que celebraría con ella le regale unos quince libros sobre magia y brujería. Al dia siguiente la lleve con unos viejos amigos de mi difunto padre, con los que había contactado previamente. Me despedí de mi hija, pues ya no podía ocuparme de ella. Claree aguanto las lagrimas y sonrió, dejando ver la claridad y la fuerza que su nombre le había dado y que ahora llevaba en su interior…”“Cuando la muchacha llego, la cogi fuerte y bruscamente de la mano y la arrastre hacia el interior de la granja. Lance a la niña hacia la paja. Dormiría junto a los cerdos, el lugar que le correspondía. Durante los primeros meses le enseñe que trabajar en una granja era duro, que dejara su idiotez y su debilidad a un lado y que trabajara como los demás. Era una niña malcriada y asquerosa… ¡Maldita sea! El dia que no hacia bien las cosas, no comía y se le oía llorar en la caseta. Podía ver el odio en sus ojos, pero nadie, y menos una niña inútil y marginada, iba a salirse con la suya. Y muchísimo menos en MI granja. Le hice trabajar el doble para sacar más beneficios y así poder comprarme el carro con el que soñaba desde hace tiempo. Un capricho que iba a conseguir, aunque tuviera que hacerle trabajar el triple. Estaba orgulloso, pronto obtendría lo que quería…”“El viejo granjero, tan podrido por fuera como por dentro, me obligaba hacer tareas inhumanas. Era cruel y solía babear como cual perro al verme trabajar. Al cabo de un tiempo, un dia como otro cualquiera, empecé a llorar de una manera desesperante. Me puse a lanzar las herramientas al suelo y patee las paredes de piedra de aquel lugar. Una de las piedras cayó el suelo mancándome más aun de barro. Cogi la piedra con brusquedad, pero cuando fui a colocarla había una tablilla extraña en el hueco. La saque y comencé a leer. Pude observar que era una especie de juego de brujería, un juego que te conectaba con los del mas allá. Su nombre era “Wicca”. Hacia años que no tenía un juguete en mis manos, así que deje la rabia atrás y comencé a jugar. Al cabo de un rato me canse de intentar contactar con algún fantasma sin tener resultado alguno. Cuando fui a dejar la Wicca en el hueco, esta brillo de tal manera que me cegó, dejándola caer al suelo. Pude ver que estaba en una especie de espacio temporal y mi madre estaba delante de mí. Intente abrazarla pero cuando daba un paso hacia ella, su imagen se alejaba mas. Me quede quieta y vi como en sus manos aparecía un cofre de gran tamaño. Cuando fui a cogerlo, el cofre cayo hacia una especie de abismo y yo fui detrás de el, con lagrimas en los ojos. Al despertar me encontré encima del cofre. Lo abrí y en el había un colgante, un vestido y un huevo. Un huevo gigante. Un huevo de dragón…”“Me sentía muy a gusto dentro de la gruesa cáscara. Una sombra podía verse tras ella. En ese momento comencé a moverme de un lado para otro, intentando saber quien era, pues de seguro que no era mi mamá. Conseguí abrirme paso tras el cascaron y vi a una humana. ¿Por qué había una humana?¿Y donde estaba mi mamá? Salí completamente del huevo y vi que había dado dos pasos hacia atrás. Pues si que debía dar miedo…comencé a toser humo negro. La chica vino hacia mi y me cogio en brazos, acariciándome. Esa sensación daba mucho gustito…note las babas en mi boca. Tenía hambre así que comencé a moverme por todas partes. Mire a la chica y le pregunte donde estaba mi mama. Se quedo con cara rara y me arropo con unas telas… ¿pero para que quería taparme? ¡Soy un dragón de fuego! No una niña. Lance una llamarada. Ella comenzó a reírse al ver que de mis fauces solo había salido humo…era muy amigable, así que me acerque a la muchacha y me subí a sus hombros. Comenzamos a estudiar libros de brujería juntos, ella era muy lista, sabia muchas cosas. Me puso el nombre de Agnus. Siempre me pedía que cuando viese al viejo rechoncho de aquel lugar, le mordiese fuertemente el trasero. Y así lo hacia. Después ella le lanzaba fuego a los pantalones. Fuimos creciendo juntos uniéndonos cada vez más. Un dia llego una carta desde Arameddan. Ella comenzó a leerla en alto. Yo entendía algunas palabras, pues el idioma etéreo era distinto al idioma común. Cuando termino, una gran sonrisa apareció en su cara. Me achucho y note que comenzaba a hacer un plan. El perro de dos cabezas y cientos de ojos, vigilaba el lugar. Después de unos meses conseguimos escapar, pero el granjero se quedo con el cofre, teniendo dentro los apuntes de Claree y el vestido de su madre. Al darnos cuenta de que no podíamos volver, nos dirigimos hacia el castillo…”STATS FUE  RES  VEL  SIG 
Magia  Combate 
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