|
Abrí los ojos y lo primero que me sorprendió fue una cara extraña mirándome a los ojos.
- Qué? Qué pasó? -pregunté entre confundida y sorprendida. - Te quedaste dormida, al menos eso supongo. Te encontré aquí en el banco y me acerqué a ver si te encontrabas bien.
El descocnocido tenía la voz amable, por lo que me relajé un poco, pero sin bajar la guardia. Me senté en el banco donde me había dormido y miré a mi interlocutor. Se trataba de un hombre que andaría por los 30 años, ojos azules, barba y cabellos castaños... "En resumen, un tipo normal, nada de que preocuparse." Entonces noté el color del cielo, el sol había desaparecido y en su lugar reinaba la luna.
- Demonios! -exclamé- No es nada, sólo que no debería estar por aquí después de que se ponga el sol. Reglas de la casa, me temo. -sonreí y me paré- Bueno, me voy entonces.
Comencé a caminar, pero sólo di un par de pasos.
- Ah... Por cierto, podrías indicarme el camino a la taberna? - Claro, sígueme. -comenzó a caminar- Soy Kevin, por cierto. - Encantada Kevin, y perdón por la molestia.
Caminamos un par de minutos cuando divisé la puerta de la taberna dónde me había emborrachado por primera vez.
- Bueno, gracias por la guía -le sonreí mientras me llevaba una mano al bolsillo, saqué la bolsa de caramelos a la que todavía le quedaban un par y se la ofrecí- Por los problemas... Je. - No es necesario, pero te agradezco igual. - Entonces... Adiós y gracias.
Caminé hacia el transportador que me llevaría de vuelta al castillo. "Sólo espero no tener problemas por esto... T_T"
Se va.
|